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Opinión

Que el cáncer de mama no se convierta en una sentencia

Redacción El Cambio Verdadero ·

Ana Lilia Rivera Rivera


Ninguna mujer debería perder la vida por no contar con recursos para detectar a tiempo el cáncer de mama, recibir un diagnóstico oportuno o acceder al tratamiento que necesita. La atención de esta enfermedad no puede depender del dinero disponible en una familia ni de la distancia entre una comunidad y un hospital especializado. Garantizar esos servicios es una obligación del Estado y una condición indispensable para que el derecho a la salud sea una realidad para todas.

De acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), durante 2024 se registraron 8 mil 450 defunciones por cáncer de mamá y el 99.2 por ciento correspondió a mujeres. Esta cifra muestra la dimensión de una enfermedad que requiere prevención, detección temprana, diagnóstico preciso y tratamientos oportunos. Cada retraso puede complicar la atención y reducir las posibilidades de enfrentarla con éxito.

Frente a esta realidad, la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo anunció la creación de 32 Centros de Atención Integral para el Cáncer de Mama, uno en cada entidad federativa, con la meta de completar su instalación en 2029. El proyecto contempla abrir 10 centros adicionales en 2027, otros 11 en 2028 y 10 más en 2029, a partir de la experiencia del Hospital Oncológico para la Mujer de La Pastora, en la Ciudad de México.

El anuncio representa una oportunidad para ampliar la capacidad del sistema público de salud y reducir las barreras que enfrentan las mujeres para recibir atención especializada.

Sin embargo, el éxito de esta estrategia no debe medirse únicamente por el número de centros construidos o inaugurados. Lo fundamental será que funcionen con personal especializado, equipos suficientes, medicamentos disponibles y capacidad para atender a las pacientes sin demoras innecesarias. La detección pierde parte de su valor si después de un resultado sospechoso una mujer debe esperar demasiado para confirmar el diagnóstico o iniciar el tratamiento.

También es necesario entender que la atención del cáncer de mama no comienza ni termina en un hospital. Requiere campañas permanentes de información, acceso a mastografías, seguimiento de los resultados y coordinación entre los servicios de primer contacto y las unidades especializadas. Una paciente necesita saber dónde acudir, qué estudios debe realizarse y cuál será el siguiente paso si se confirma la enfermedad.

En Tlaxcala, este compromiso nacional seguramente se traducirá en resultados concretos. Nuestro estado cuenta con servicios de detección y diagnóstico, pero es indispensable fortalecer la coordinación para que las mujeres de los 60 municipios tengan acceso efectivo a ellos y reciban seguimiento oportuno cuando sus estudios requieran atención adicional.

La distancia, los gastos de traslado, las responsabilidades familiares y la falta de información pueden convertirse en obstáculos para una consulta o un tratamiento. Estas dificultades pesan especialmente sobre las mujeres que viven en comunidades alejadas o que no tienen ingresos suficientes para cubrir los costos indirectos de la atención médica. Por ello, acercar los servicios y garantizar la continuidad de los tratamientos debe ser una prioridad.

La implementación de los nuevos centros abre la oportunidad de revisar qué necesita Tlaxcala para mejorar su capacidad de respuesta, es decir, más detección oportuna, rutas claras de referencia, tiempos de atención razonables y coordinación entre las instituciones de salud. La planeación debe partir de las necesidades reales de las pacientes y asegurar que ninguna quede sin seguimiento por falta de información, recursos o acompañamiento institucional.

La salud de las mujeres también es un asunto de justicia social. No basta con reconocer que todas tienen el mismo derecho si, en la práctica, unas pueden acceder rápidamente a estudios y tratamientos mientras otras enfrentan esperas, traslados y gastos que ponen en riesgo su atención. Un sistema de salud más justo debe reducir esas diferencias y garantizar que la condición económica no determine las posibilidades de recibir atención.

Para Tlaxcala, la meta es que cada mujer tenga mayores posibilidades de detectar la enfermedad a tiempo, recibir un diagnóstico confiable y comenzar su tratamiento sin retrasos evitables.

Detrás de cada cifra hay una vida y una familia. Por ello, proteger la salud de las mujeres no puede ser una promesa que se cumpla a medias, sino una responsabilidad pública que se traduzca en atención oportuna, tratamientos accesibles y oportunidades reales de vivir.

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