Metepantle tlaxcalteca: herencia, sustentabilidad y futuro

Ana Lilia Rivera Rivera


Hay una paradoja en nuestra manera de entender el patrimonio: somos capaces de celebrar durante años aquello que heredamos de nuestros antepasados, pero no siempre nos preguntamos qué puede enseñarnos hoy ni cómo puede ayudarnos a construir el futuro. Con el metepantle tlaxcalteca tenemos la oportunidad de cambiar esa mirada.

Este sistema agrícola ancestral no debe permanecer únicamente en el terreno de los reconocimientos, los discursos o las fotografías. Su mayor valor está en el conocimiento que ha acumulado durante generaciones y, sobre todo, en su capacidad para ofrecer respuestas frente a algunos de los desafíos más urgentes de nuestro tiempo.

El cambio climático ya no es una amenaza lejana. Hoy altera los ciclos de lluvia, deteriora los suelos, aumenta la presión sobre el agua y vuelve cada vez más compleja la producción de alimentos. Frente a esta realidad, el metepantle representa algo especialmente valioso: una forma de trabajar la tierra que ha demostrado, a lo largo del tiempo, que es posible producir respetando los ciclos naturales, conservando los recursos y fortaleciendo la resiliencia del territorio.

Durante generaciones, campesinas y campesinos tlaxcaltecas aprendieron a enfrentar condiciones adversas a partir de la observación, la experiencia y el conocimiento profundo de su entorno. Supieron aprovechar el maguey, conservar la humedad, proteger los suelos, reducir la erosión y combinar cultivos. No lo hicieron desde una teoría académica sobre sustentabilidad, sino cuidando la tierra, que fue también cuidar la vida. Ese conocimiento puede ser una herramienta para el presente y una alternativa para el futuro.

Por eso, el reconocimiento de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) debe entenderse no como la culminación de un proceso, sino como el inicio de una nueva responsabilidad: preservar el metepantle, fortalecer a las comunidades que lo mantienen vivo y convertir ese conocimiento ancestral en parte de las soluciones que Tlaxcala necesita frente al cambio climático, la crisis del agua y los desafíos de la producción alimentaria.

Hace algún tiempo, durante el proceso de investigación sobre el metepantle, un productor expresó una frase que hoy debería hacernos reflexionar: “Estamos cansados de reconocimientos, tiene que haber algo más”. Tenía razón.

El patrimonio que únicamente se reconoce corre el riesgo de convertirse en una pieza decorativa. En cambio, el patrimonio que se transmite, se estudia, se practica y se adapta a los nuevos desafíos permanece vivo. De ahí la importancia de que Tlaxcala cuente, a partir del próximo 29 de septiembre, con una Escuela para el Manejo Sustentable del Maguey.

Su creación representa la oportunidad de dar un paso que durante mucho tiempo hizo falta: pasar de la admiración por el conocimiento ancestral a su preservación, transmisión de conocimiento y aplicación frente a los retos del presente y del futuro.

Que estudiantes de la Universidad Autónoma Chapingo y de la Universidad Autónoma Metropolitana se acerquen al metepantle, y que hoy existan investigaciones de nivel doctoral sobre este sistema agrícola y el aprovechamiento del maguey, demuestra que la tradición no está peleada con la ciencia. Al contrario, cuando el conocimiento acumulado durante generaciones dialoga con la investigación científica, pueden surgir nuevas respuestas para problemas que hoy exigen soluciones distintas.

En esa misma lógica cobra relevancia la creación de una reserva biológica destinada a conservar las variedades y razas de Agave salmiana que todavía existen en México. Cada variedad que desaparece significa una pérdida de biodiversidad, pero también la pérdida de posibilidades que quizá necesitaremos en el futuro. Por eso, conservar variedades, semillas, conocimientos y prácticas agrícolas no significa aferrarnos al pasado, sino ampliar nuestras opciones frente a lo que viene.

Sí, el metepantle es una herencia, pero también puede ser una herramienta de sustentabilidad y futuro. Y Tlaxcala no puede darse el lujo de dejar pasar esa oportunidad.

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