Ana Lilia Rivera Rivera
Uno de los mayores desafíos que enfrenta cualquier gobierno es construir la paz con justicia y de la mano del pueblo para garantizar que las familias vivan en tranquilidad y seguras. No existe transformación verdadera si las personas no pueden caminar tranquilas por sus calles, trabajar con seguridad o confiar en que sus hijos crecerán en un entorno libre de violencia.
Los resultados más recientes de la Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana (ENSU), elaborada por el INEGI, muestran que la percepción de inseguridad en México continúa disminuyendo.
En junio de 2026, el 59. 8 por ciento de la población de 18 años y más consideró inseguro vivir en su ciudad, una cifra menor al 63.2 por ciento registrado en junio de 2025 y también inferior al 61.5 por ciento observado en marzo de este año. Se trata del nivel más bajo para un mes de junio desde que se realiza esta medición, un dato que refleja que la confianza ciudadana comienza a fortalecerse.
Estos resultados son alentadores y reflejan una tendencia favorable en la percepción ciudadana sobre la seguridad. Si bien la ENSU no evalúa de manera directa la Estrategia Nacional de Seguridad, sus resultados son consistentes con los avances que el Gobierno de México ha reportado en esta materia bajo el liderazgo de la presidenta Claudia Sheinbaum.
Detrás de esta estrategia existe el trabajo cotidiano de miles de mujeres y hombres de las instituciones de seguridad, así como una política pública que ha privilegiado la coordinación, la inteligencia y la atención a las causas que originan la violencia.
Sin embargo, en la Cuarta Transformación hemos aprendido que gobernar significa hablarle al pueblo con la verdad. Sería un error pensar que estos avances son suficientes o que el problema está resuelto. Hoy, seis de cada diez personas manifiestan sentirse inseguras, cifra que nos recuerda que millones de mexicanas y mexicanos todavía viven con preocupación y esperan mejores resultados.
Reconocer lo que falta no debilita a nuestro movimiento, por el contrario, lo fortalece. La autocrítica responsable nos permite corregir, mejorar y mantener el compromiso que asumimos con el pueblo de México. Esa ha sido una de las diferencias fundamentales entre quienes entendemos el servicio público como una responsabilidad y quienes durante décadas prefirieron maquillar cifras antes que transformar la realidad.
Hoy existe una estrategia distinta. Se atienden las causas que generan la violencia, se fortalecen las instituciones de seguridad, se privilegia la inteligencia sobre la improvisación y se trabaja de manera coordinada entre los distintos órdenes de gobierno. Los resultados comienzan a ser visibles, pero la meta sigue siendo mucho más ambiciosa: que la paz llegue a cada comunidad y a cada hogar.
La transformación no puede conformarse con mejorar indicadores. Nuestra obligación es que esos avances se traduzcan en una mejor calidad de vida para las familias mexicanas. Ese es el verdadero sentido de gobernar con humanismo: poner siempre en el centro la dignidad de las personas.
Como militante de Morena y como mujer convencida de los principios de nuestro movimiento, tengo claro que la seguridad es y seguirá siendo una de las tareas prioritarias del Estado mexicano. Debemos respaldar lo que está funcionando, corregir aquello que aún no alcanza los resultados esperados y mantenernos siempre cerca del pueblo, porque sólo escuchando a la gente podremos consolidar la paz con justicia que durante tantos años se le negó a México.
