Trabajar con libertad, vivir con dignidad

Ana Lilia Rivera Rivera


En la construcción de una sociedad más justa, el respeto a la dignidad de las personas trabajadoras debe ser un principio permanente. Ninguna transformación puede avanzar si quienes todos los días sostienen con su esfuerzo el funcionamiento de las instituciones viven con incertidumbre, temor o bajo cualquier forma de presión.

Desde mis diferentes responsabilidades públicas, siempre he tenido claro que la política debe estar al servicio de las personas. Por ello, mantengo un diálogo constante con distintos sectores de nuestra sociedad, porque escuchar las preocupaciones de la gente no es una concesión, sino una obligación.

Expreso mi reconocimiento y respeto a las y los trabajadores del Gobierno del Estado de Tlaxcala, particularmente a quienes desempeñan funciones como personal de confianza. Sé lo que significa el esfuerzo que representa sostener a una familia y la importancia que tiene para cada hogar contar con estabilidad y certeza.

Por ello, considero fundamental que ninguna persona trabajadora sea utilizada como instrumento de intereses políticos o electorales. El trabajo y la fuente de ingreso de una familia no pueden convertirse en mecanismos de presión, condicionamiento o temor.

Las y los trabajadores tienen derecho a ejercer libremente sus convicciones, participar en la vida pública y expresar sus ideas de manera voluntaria, sin amenazas, represalias ni condicionamientos. La democracia se fortalece cuando existe libertad de conciencia y cuando las decisiones de las personas son respetadas.

La defensa de los derechos laborales, civiles y humanos no depende de circunstancias políticas ni de coyunturas particulares. Es un compromiso que debe mantenerse siempre, porque detrás de cada trabajador y cada trabajadora hay una historia de esfuerzo, una familia y un proyecto de vida.

Las instituciones públicas tienen la responsabilidad de generar confianza. Esa confianza sólo se construye cuando las personas saben que serán escuchadas, respetadas y tratadas con dignidad. Por eso, debemos impulsar una vida pública donde prevalezcan la unidad, el diálogo y la sensibilidad social.

Las y los servidores públicos merecen nuestro reconocimiento porque con su trabajo cotidiano contribuyen a que las instituciones funcionen y a que los servicios lleguen a la ciudadanía. Su labor debe ser valorada y protegida, no utilizada para fines ajenos a su responsabilidad pública.

Donde quiera que me encuentre, seguiré defendiendo una visión de política cercana al pueblo, donde nadie sea excluido y donde los derechos de las personas sean la base de nuestras decisiones.

La transformación que Tlaxcala y México necesitan no se construye desde la presión ni desde el miedo. Se construye con respeto, con libertad, con unidad y con la convicción de que todas y todos tenemos un papel importante en la construcción del bienestar colectivo.

Mi compromiso es y será con las y los trabajadores, con sus familias y con el futuro de Tlaxcala. Todos somos pueblo y una vida pública más justa comienza por reconocer la dignidad de quienes todos los días trabajan por nuestro estado.

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