Ana Lilia Rivera Rivera
La inauguración de la gran fiesta del fútbol internacional marca el inicio de uno de los acontecimientos deportivos más importantes del planeta. No es solo la celebración del torneo más importante del balonpié, sino que es también una oportunidad histórica para mostrar al mundo la grandeza de nuestro país, la riqueza de nuestra cultura, la fortaleza de nuestra economía y la calidez de nuestra gente.
Por tercera ocasión en la historia, México es sede de esta fiesta futbolera. Ninguna otra nación ha tenido ese privilegio. Este hecho, por sí mismo, habla de la confianza internacional en nuestras capacidades organizativas, en nuestra infraestructura y en la experiencia que hemos acumulado a lo largo de décadas como anfitriones de grandes eventos internacionales.
Este torneo internacional es una fiesta deportiva, pero también un poderoso motor de desarrollo. Millones de personas de todos los continentes seguirán cada partido, observarán nuestras ciudades, conocerán nuestras tradiciones y descubrirán la enorme diversidad cultural que distingue a México. Cada visitante que está llegando a nuestro país representa una oportunidad para fortalecer al sector turístico, generar empleos, impulsar el comercio local y promover el talento de miles de mexicanas y mexicanos.
Los beneficios económicos de un evento de esta magnitud alcanzan múltiples sectores. Hoteles, restaurantes, transportistas, comerciantes, artesanos, prestadores de servicios y pequeñas empresas encuentran en esta justa deportiva una plataforma extraordinaria para crecer y consolidarse. Y lo importantes es que la derrama económica que genera esta fiesta no se limita a las ciudades sede, sino que sus efectos se extienden a diferentes regiones del país y contribuyen al fortalecimiento de las economías locales.
Detrás de este esfuerzo existe también una importante labor institucional. El Gobierno de México, encabezado por la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, ha trabajado para que nuestro país esté preparado para recibir a millones de visitantes en condiciones de seguridad, movilidad, infraestructura y servicios. La coordinación entre los distintos órdenes de gobierno, así como la colaboración con el sector privado y con la sociedad, ha sido fundamental para que México pueda asumir con responsabilidad este compromiso internacional.
La realización de esta fiesta mundialista también proyecta una imagen positiva del país ante inversionistas, organismos internacionales y potenciales socios comerciales. Cuando una nación demuestra capacidad de organización, estabilidad y confianza institucional, fortalece su prestigio global y abre nuevas oportunidades para el desarrollo económico y social.
Pero más allá de las cifras, las inversiones y los beneficios materiales, el futbol tiene una capacidad única para unir a las personas. Durante estas semanas, millones de mexicanas y mexicanos compartiremos emociones, ilusiones y esperanzas alrededor de un mismo sueño. En un país tan diverso como el nuestro, el deporte se convierte en un espacio de encuentro que fortalece la identidad nacional y nos recuerda todo aquello que nos une.
Por eso, mientras México recibe al mundo con orgullo y hospitalidad, también acompaña a su selección nacional con el anhelo que recorre cada hogar, cada plaza y cada rincón del país. Más allá de los pronósticos y las estadísticas, las y los mexicanos deseamos ver a un equipo que compita con entrega, que represente dignamente nuestros colores y que haga vibrar a una afición que nunca deja de creer.
Que esta fiesta del fútbol sea motivo de orgullo para nuestra nación, una ventana para mostrar lo mejor de México y una oportunidad para fortalecer nuestro desarrollo. Y que, al mismo tiempo, nuestra selección encuentre en el respaldo de su gente la fuerza necesaria para regalarnos alegrías, emociones y satisfacciones que permanezcan en la memoria colectiva de todo un país. Que esta fiesta sea un éxito para México.
