Tlaxcala en el corazón del desarrollo nacional

Ana Lilia Rivera Rivera


Tlaxcala no suele aparecer en el centro de la conversación nacional por casualidad. Hoy lo hace en un momento específico en los que las decisiones públicas empiezan a tomar forma en el territorio. La reciente visita de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo confirma precisamente eso: que hay una atención directa, sostenida y con intención clara de que los proyectos no se queden en anuncios, sino que avancen y se consoliden donde realmente importan: en la vida cotidiana de la gente.

Eso no es un asunto menor. Durante mucho tiempo Tlaxcala fue mencionado como un estado con potencial, pero con pocas oportunidades reales para desarrollarlo plenamente. Hoy, esa narrativa comienza a modificarse desde la presencia constante de la presidenta, la supervisión de obras y el seguimiento puntual de acciones que tienen impacto directo en distintos sectores.

Quienes recorremos el estado y escuchamos a la gente sabemos que lo que más se valora no son las promesas, sino los hechos. Por eso cobra relevancia que temas como la educación estén siendo atendidos con seriedad, entendiendo que ahí se juega buena parte del presente y del futuro. Eso puede verse con la inauguración de la Universidad Rosario Castellanos en Teolocholco.

Lo mismo ocurre con la infraestructura. A veces se percibe como un tema técnico o distante, pero en realidad es lo que permite que una comunidad esté mejor conectada, que una persona llegue más rápido a su trabajo o que un productor pueda mover su mercancía en mejores condiciones. En ese sentido, los avances en conectividad y movilidad empiezan a dibujar un escenario distinto para Tlaxcala, uno con mayores posibilidades de crecimiento.

Lo anterior lo demuestra el distribuidor vial de Chiautempan, con altas posibilidades de que esté listo en el mes de julio.

También hay que decirlo con claridad: cuando se mejora la infraestructura, no solo se resuelven necesidades actuales, también se vuelve más atractivo el estado para la inversión. Y eso, bien conducido, se traduce en empleo, en dinamismo económico y en mejores condiciones de Bienestar para las familias.

Ese es el tipo de desarrollo que vale la pena impulsar, uno que tenga rostro social y que no deje a nadie atrás, como lo refleja el Polo de Desarrollo Económico para el Bienestar en Tlaxcala ubicado en Huamantla.

Sin embargo, este momento también implica responsabilidades. El acompañamiento del Gobierno de México es una base importante, pero su alcance dependerá de la capacidad de coordinación entre autoridades y del compromiso para que cada acción tenga continuidad. Los gobiernos locales tienen en sus manos la tarea de hacer que estos esfuerzos se traduzcan en beneficios concretos y sostenibles.

La sociedad, por su parte, también juega un papel sumamente clave e importante. Tlaxcala tiene una ciudadanía participativa, crítica y trabajadora, que ha sabido salir adelante incluso en condiciones adversas. Hoy, con un escenario más favorable, esa participación puede ser decisiva para consolidar lo que se está construyendo.

Desde el Senado de la República, mi responsabilidad es acompañar este proceso con seriedad, impulsando iniciativas que fortalezcan el desarrollo regional y gestionando para que Tlaxcala siga siendo considerado en las decisiones nacionales. No se trata solo de respaldar, sino de contribuir a que las cosas sucedan.

Lo que estamos viendo en Tlaxcala no es producto de la casualidad. Es resultado de una visión que entiende que el desarrollo debe ser compartido y que los estados, sin importar su tamaño, deben tener oportunidades reales para crecer. Hoy, esa visión empieza a reflejarse en hechos, y corresponde a todos cuidar que así continúe.

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