Nuevo programa: Sin Maíz no hay País

Ana Lilia Rivera Rivera


Como sabemos, el Día Nacional del Maíz en México se celebra el 29 de septiembre. Su celebración tiene el objetivo de honrar el maíz como pilar de la alimentación, la cultura y la identidad nacional, reconociendo el trabajo de los campesinos y de los pueblos originarios que han preservado su diversidad genética y los riesgos que enfrenta.

Esta fecha fue establecida en 2019 para conmemorar y promover este patrimonio biocultural, destacando su importancia para la seguridad alimentaria y el derecho a la alimentación.

En el marco de esta celebración, el lunes 29 de septiembre, la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo anunció la creación del programa Sin Maíz no hay País, explicando que su puesta en marcha busca que la producción de esta semilla genere bienestar impulsando los maíces nativos a través de diversas acciones, como los precios de garantía y la venta de productos como la tortilla, elaborados por los propios productores.

El anuncio de este programa representa para mí, como impulsora de la iniciativa enviada en su momento al Congreso por la presidenta Claudia Sheinbaum, para reformar los artículos 4 y 27 de la Constitución Política federal, un gran orgullo y satisfacción, sobre todo porque en marzo de este año el Pleno del Senado de la República aprobó la reforma después de una larga discusión. Hay que decirlo: en su momento, en la tribuna legislativa hubo mentiras, desinformación y manipulación por parte de la representación de Acción Nacional.

La reforma constitucional aprobada establece la conservación y protección del maíz nativo, así como la protección de la diversidad de las 59 razas de maíces nativos.

Nuestra presidenta Claudia Sheinbaum lo dijo con claridad durante la celebración del Día Nacional del Maíz: “Si no hubiéramos puesto en la Constitución que está prohibido en México sembrar maíz transgénico, todas estas variedades estarían en riesgo. Y estas variedades son por miles de años domesticadas, primero, por los pueblos originarios y ahora en general por los campesinos. Pero son miles de años que nos dieron todas estas variedades. Si no las cuidamos, se pueden perder, por eso la reforma constitucional es fundamental”.

¿Qué viene ahora? El programa Sin Maíz no hay País, ambicioso porque se suma a otros dos: Producción para el Bienestar y el apoyo de Fertilizantes Gratuitos. Los tres juntos apoyarán el cultivo de maíz criollo, que es el maíz originario de México.

Es cierto, hoy la reforma protege la biodiversidad, fomenta la soberanía alimentaria y asegura el acceso a alimentos saludables para las generaciones presentes y futuras, además de que fomenta prácticas agroecológicas que reducen el uso de agroquímicos, mitigando con ello el impacto ambiental y preservando los ecosistemas.

También reduce los riesgos potenciales asociados al consumo de maíz transgénico, brindando alimentos más saludables a la población, y fomentando la agricultura tradicional y sostenible, generando empleos y protegiendo los sistemas productivos locales, especialmente las comunidades rurales.

Sin embargo, no por ello la lucha iniciada hace 30 años contra los cabilderos de las grandes empresas, ha terminado, más ahora considerando los tiempos que se avecinan con la revisión del Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos y Canadá, y la última resolución del panel de Solución de Controversias del TMEC para que el gobierno mexicano retire la prohibición de importar variedades modificadas genéticamente.

Lo cierto es que, pese a ello, la reforma constitucional aprobada sí establece una nueva independencia para México gracias a un gobierno de la Cuarta Transformación, cuyo movimiento siempre ha luchado por la defensa de la soberanía alimentaria a través de las semillas nativas y de una agricultura culturalmente adecuada.

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